
UN BUEN FUNDAMENTO PARA NUESTRA GENERACIÓN
A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero a cualquiera que me oye estas palabras y no las practica, lo compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
Mateo 7:24–27
Ninguna persona construye una casa sin fundamento. Esta es la razón por la que vale la pena invertir tiempo y esfuerzo para instruir valores en nuestros hijos, pues esos serán los principios que marcarán sus vidas.
Las decisiones que ellos tomarán estarán sustentadas en los valores que les enseñemos. Por eso es importante que el cimiento sea profundo, para que el proyecto de vida sea elevado y extenso.
Ellos necesitan saber que son personas con un sentido de misión y propósito en la vida.
Debemos invertir tiempo con nuestros niños en enseñarles cómo lograr diferenciar entre lo bueno y lo malo, lo que conviene y no.
No podemos imponerles a nuestros hijos que crean lo que nosotros creemos, ni podemos exigirles que amen a Dios porque nosotros lo hacemos. Ellos amarán a Dios porque ven que nosotros lo amamos. No podemos simplemente decirles que no mientan, pues elegirán no mentir al aprender el valor de la honestidad partiendo de que nosotros lo modelamos con nuestra vida.
Nuestros hijos tienen sus ojos en nosotros todo el día. Los niños captan todo lo que perciben a su alrededor. Los valores se modelan en el diario vivir, al acostarnos, al levantarnos, en la mesa, mientras manejamos, al discutir. Enseñamos valores cuando resolvemos un problema, hacemos frente a un conflicto o nos dedicamos a los asuntos más insignificantes en la casa o el trabajo.
Los valores no se imponen, sino que se modelan. Se aprenden mediante el contacto frecuente y prolongado con el modelo.
Los niños no siempre nos escucharán, pero siempre nos van a imitar. Los valores son las huellas que han dejado en nuestra vida las mujeres y los hombres que hemos amado y admirado. Los valores no mueren, permanecen, y se transmiten de persona a persona y de generación en generación.
Los niños no siempre nos escucharán, pero siempre nos van a imitar. Los valores son las huellas que han dejado en nuestra vida las mujeres y los hombres que hemos amado y admirado. Los valores no mueren, permanecen, y se transmiten de persona a persona y de generación en generación.