
PASIÓN Y CAMBIO
Que te conceda lo que tu corazón desea; que haga que se cumplan todos tus planes. Salmos 20:4 NVI
Donde hay pasión, hay cambios; donde hay cambios, hay logros. Todos queremos logros, así que debemos ser gente apasionada.
Tenemos muchos ejemplos de personas apasionadas que cumplieron sus objetivos. Una particularmente nos impacta porque Su pasión fue salvarnos. Se sometió a lo que fuera necesario, incluso dejó su vida crucificada en un madero, llevó nuestras enfermedades, maldiciones y pecados para redimirnos y darnos acceso a la eternidad junto a Él.
Jesús fue apasionado por lograr Su objetivo, de lo contrario, se hubiera bajado del madero, no hubiera aguantado que lo escupieran, lo desnudaran y le hicieran todo lo que le hicieron.
¿Qué tan apasionado estás por Él?
Nuestro nivel de pasión determina qué tanto lo buscamos y servimos, a pesar de lo que otros digan.
Pablo fue otra persona excepcional, enfocada, determinada y clara en lo que deseaba: llevar el Evangelio. Su discurso fue: “Ni la vida ni la muerte, ni ángeles o potestades, ni lo presente o por venir, ninguna cosa creada me alejará del amor de Dios”. Enfrentó de todo y permaneció fiel a lo que deseaba alcanzar.
La pasión tiene una consecuencia en nuestra vida cuando sabemos lo que queremos lograr, los desafíos no serán fáciles, por eso hay que desechar la tristeza y la amargura que nos restan energía. Lo que vivimos no puede continuar afectándonos y no determinará lo que viviremos.
Somos generadores de cambio, transformadores de vidas. Deja atrás tu pasado; quien arrastra su pasado, cada vez camina más lento. Quien se lamenta toda la vida por el abandono, el fracaso y la pérdida se estanca. Levántate, renueva tu pasión.