
UNA IMAGEN SALUDABLE
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:37-39, NVI
No podemos afrontar las luchas externas si primero no vencemos los gigantes que nos dominan por dentro. Somos parte de una familia y de una sociedad que espera de nosotros una contribución positiva en la construcción de su historia.
La capacidad que tenemos de relacionarnos con nuestro propósito y con los demás, es la capacidad que hemos desarrollado de relacionarnos con nosotros mismos y con Dios.
1. La forma en la que me veo define mi propósito
Dios nos diseñó en su mente, con características únicas y con un propósito en la vida. Cuando nuestra auto-imagen no está sana, no podemos creer en nosotros mismos como Dios cree: Él nos ve como un reflejo de su imagen, él nos ve como los responsables de administrar la creación.
2. La forma en la que me veo define cómo me relaciono con otros
Quien no es capaz de aceptarse, amarse y admirarse como corresponde, no será capaz de aceptar, amar y admirar a otros. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Es decir, mis ojos tienen que estar sanos para ver a los otros con una mirada saludable. Tenemos que entender que la forma en la que nos veamos será el espejo en donde se mirarán las demás personas.
3. La forma en la que me veo define cómo enfrento la adversidad
Si vemos venir las dificultades de la vida, y no reconocemos nuestras habilidades y capacidad para enfrentarlas, seremos derrotados por el estrés, la ansiedad y la incertidumbre. Si pensamos que somos capaces, sacaremos motivación interna para afrontar las cosas. Si sentimos que somos incapaces e inservibles, muchas veces ni si quiera lo vamos a intentar. El esfuerzo que pongamos a la hora de superar las pruebas de la vida, lo determinará la auto-imagen que tenemos.
Es tiempo de comenzar a cambiar nuestras creencias, a desaprender lo que nos limita y definir lo que somos en función de la esperanza, el buen ánimo, la fe, y la confianza en Dios.