
LIMITADO Y AMARGADO
“Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.”
1 Crónicas 4:9-10
Jabes significa hijo de mi amargura. Los Jabes son aquellas personas que han sido marcadas por su padre, su madre o sus circunstancias; aquellos a quienes les han causado mucho dolor a lo largo de su vida. A los Jabes los han limitado, provocando una vida con un final de amargura, odio y rencor.
Pero, en el versículo 10, se nos dice que Dios le otorgó a Jabes lo que pidió. Dios escucha la oración de los Jabes, Dios escucha a todo aquel que busca en él lo que no encontraron en sus padres.
Todos necesitamos de alguien que hable sobre nosotros bendición; pero, antes de que llegue alguien a declarar un buen final sobre ti, el primero que debe declarar bendición sobre tu vida, eres tú mismo. Estos son dos niveles de bendición que se tienen que desatar en tu vida: Que alguien declare esta bendición sobre ti, y que tú mismo declares bendición sobre tu vida
Dios no es un Dios que te marca por las circunstancias en las que tú naciste. Cree en el día de hoy que Dios te dará un nuevo final. Cree que serán removidos los límites que hayan en tu vida, que Dios te cuidará en todo tu camino, y que, sin importar lo que suceda, tú no te dañarás.