
TODO SUEÑO Y TODA VISIÓN
Pilato le dijo: '¿Luego tú eres rey?'. Jesús respondió: 'Tú lo dices: yo soy rey. Yo para eso nací y para eso he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz'.
Juan 18:37
Fuimos creados para tener una misión y una visión que nos dé sentido, propósito y dirección. Quien no tiene una misión en la vida, carece de motivación para vivirla.
Una visión es una imagen de lo que va a ocurrir en el futuro. Es visualizar el resultado por adelantado. Es la capacidad de anticipar los tiempos. Y como la visión es algo para poner por obra, activa la creatividad, nos motiva a caminar, y nos proyecta hacia el futuro.
La visión nos realiza como personas y nos permite tener una actitud positiva frente a la vida, mientras nos obliga a hacer lo mejor que podamos y a buscar la excelencia mientras avanzamos.
Es requisito encarnar la visión, llorar, pensar y apasionarnos por lo que deseamos, lo cual nos permite ver la necesidad y saber que somos parte de la respuesta. Mientras caminamos tras el sueño que nos inspira, Dios va sanando y equipando nuestras vidas para lograrlo.
No basta con tener un sueño o una visión. Necesitamos dar pasos concretos para materializar lo que estamos deseando. Todo sueño y toda visión requieren un plan de acción para convertirse en realidad. Es necesario planear lo que deseamos alcanzar: cómo lo vamos a lograr, con qué recursos contamos, a quiénes vamos a invitar para que nos acompañen y en cuánto tiempo lo lograremos. Nadie dijo que sería fácil, toma tiempo, energía y requiere ser constante.
Para materializar lo que hemos soñado, necesitamos sentir que somos la persona correcta; para esto, requerimos preparación, trabajo, esfuerzo, dedicación y fidelidad. Sí, se requiere pasión y optimismo, pero también acción. Aprovechemos cada oportunidad para crecer y aprender. Las oportunidades son únicas, no regresan, por eso deben ser bien aprovechadas.