
EL RESULTADO FINAL DEL DIA
Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. Números 14:28
Sin una vida de oración activa, perdemos fuerza de carácter y caemos fácilmente a lo que los sociólogos llaman el instinto gregario: nos volvemos fácil presa del temor al qué dirán, de la ambición y del afán por complacer a los demás. Sin oración, el roce constante con la gente alrededor nuestro y con sus opiniones va inundando nuestra vida interior poco a poco, hasta que la ahogan por completo.
Nos creemos dueños de nuestras vidas, pero en realidad ya no somos capaces ni de pensar.
Hay momentos cuando nada puede darnos paz, salvo la oración. Aunque nos esforcemos por alcanzar la sencillez y el silencio, y por desprendernos de todo lo que nos causa intranquilidad, fuera o dentro de nosotros, aun así es posible que nos quedemos con un vacío por dentro que sólo Dios puede llenar.
La oración es la mejor defensa contra tales ataques violentos; es como una protección alrededor de la llama que arde en el corazón. Y es más: Para mí, orar es disciplina que ha sido decisiva en ayudarme a mantener un sentido de paz y orden en mi vida. Tanto, que la oración o su ausencia, más que ninguna otra cosa, pueden decidir el resultado final del día.